LA SITUACIÓN DE LAS MUJERES EN CONTEXTOS INDÍGENAS
17/09/2007 versión para imprimir

Mónica Pinzón González[1]

Es importante cuestionarse desde un análisis serio las realidades (indígenas) más allá de prejuicios antropologistas donde se expresa que no han existido, ni existen inequidades de género en las culturas como la maya, por su relación directa con la naturaleza, su cosmovisión de equilibrio y complementariedad entre hombres y mujeres. Debido a que algunas prácticas cotidianas demuestran justo lo contrario dentro de la cultura.

 

Visto de esta manera no se puede simplificar la realidad y el análisis a las “inequidades de género”, especialmente cuando la situación de dominación de las mujeres mayas en algunos momentos se vuelven más crueles e indignas.

 

Brito, Sonia (1998:62) cita a Pozo, María Esther en Bolivia reflexionando la conciencia étnica “sí la conciencia étnica es conciencia de la diferencia, también la conciencia de género es una conciencia de diferencia. La etnicidad es conciencia de la desigualdad, de la opresión que pretende justificarse en la diferencia y es un proyecto político que reclama el derecho a la diferencia y a la supresión de la desigualdad. La conciencia histórica no solo debe dar cuenta del origen de la diferencia, sino también del origen y el desarrollo de la  desigualdad; es otro elemento que nos permite relacionar los conceptos de género y etnia.

 

Las mujeres sufren opresión por ser pobres, ser indígenas y ser mujeres, estas categorías constituyen los tres factores que identifican una triple forma de explotación económica, dominación cultural e inequidad en sus relaciones de género.

 

Se puede entender conceptualmente que “género como una categoría socialmente construida, que incluye características socioculturales, ideológicas, económicas y psicológicas de las relaciones entre hombres y mujeres que tiene como referente el sexo. El género en una sociedad o cultura se va determinando a través de la historia quienes atribuyen roles, funciones y formas de comportamiento a cada uno de los sexos.” [2]

 

Ese entender las relaciones de género, en relación con la cultura maya y campesina genera prácticas centradas y vivenciadas del sistema patriarcal que lo empalma. Palencia (1,999:105) explica como “la mujer maya carece de espacios equitativos de decisión y de acción respecto a los hombres. El deber ser entre hombres y mujeres mayas tiene, en general, el mismo sustrato patriarcal que se observa en la cultura occidental

 

Emma Chirix (2003:49). cita al respecto de sistemas patriarcales comenta: “las familias indígenas (mayas) son patriarcales por que quien asume la autoridad comúnmente es el padre. En el espacio familiar cada miembro tiene un lugar y responsabilidad especifica que cumplir, de acuerdo a los roles asignados y a una jerarquía especifica establecida

 

Cuando Emma habla de responsabilidades especificas y roles asignados con una jerarquía establecida, es evidente que la mujer ha sido construida socialmente, en sometimiento al hombre y relegada a ser su sierva acatando la jerarquía socio-cultural preestablecida.

 

Cumes, Aura[3] (2005) es bastante critica en cuanto a las relaciones de género y la cosmovisión maya, por un lado nos dice como que la cosmovisión no se reduce al pensamientos sino más bien se orientan hacia las prácticas y vivencias cotidianas en la cultura maya, luego continua diciendo, tampoco podemos comprender a la población maya sin tener en cuenta que se insertan fenómenos sociales derivados de las relaciones de opresión y exclusión propias de una colonización complejizada.

Luego dice es lógico que un grupo humano que sufre de opresión sistemática llegue a reproducirla muchas veces en las prácticas internas o propias de su cultura. Advierte que tampoco es para ser extremistas pretender creer que todas las prácticas culturales son producto de la opresión. Es por ello que en palabras textuales de Cumes “ impuestas o no, se dan prácticas nocivas hacia las mujeres mayas que es necesario revisar con urgencia y profundidad.”

 

Interesante aporte que además contradice la idealización de que todo lo “cultural e indígena” es digno de rescatar, sí y solo sí, el rescate cultural es en pro de la dignificación de las personas y no les sometan bajo argumentos tales como: “así son las cosas y así deben ser porque así lo dijeron nuestros antepasados.”[4]

 

Dentro de la revisión documental de este estudio indagamos como las mujeres tienen asignación de roles que pese a que han evolucionado muchos de ellos permanecen en lo social del mundo campesino y maya. Por lo que hay que continuar reflexionando desde la cultura “maya y campesina” en cuanto al papel de la mujer dentro del campo de la igualdad, complementariedad ó dualidad en tiempos actuales; por tanto no tendría porque centrarse categorías única y exclusivamente en el discurso político, promoviendo la complementariedad sin una reflexión critica a los interno de las practicas y asignaciones sociales que las mujeres continúan sufriendo.

 

Las mujeres en contextos culturales e identidades colectivas son percibidas como transmisoras de la cultura “depositarias y conservadoras de la misma” no así como creadoras. Si la cultura misma no es estática, pues es lógico pensar que tampoco ellas lo son. Las mujeres crearon y crean espacios personales, familiares, comunitarios en donde no solo transmite cultura.

 

Lagarde, Marcela (2005:183) da cuenta que ninguna generación de mujeres había vivido eso: mujeres creando cultura. La cultura, como espacio de reproducción de la concepción del mundo y de la vida ha experimentado cambios de oro para las mujeres. En el mundo esperado y asignado de las mujeres,  no ha habido lugar alguno para la creación de nuevas manera de llevar y entender la vida desde las mujeres. Nunca antes lo privado tuvo más vigencia que después de las graves violaciones a los derechos humanos que mujeres iberoamericanas han sufrido. En el marco de la guerra interna en Guatemala, por primera vez las mujeres salen de sus casas, buscan en las calles la vida, hablan su idioma, desafiando a la misma muerte como relatan testimonios en el REMHI (1998) y la CEH (1999). La vida cotidianamente familiar y personal de las mujeres, después del conflicto armado, pasa de la esfera privada a la pública.

 

Salirse de este esquema significaría según Lagarde (1997:157-257) entrar en la frontera de la puteria, la histeria; la machorra y la mojigata. Las mujeres son vistas como sexo; se les expropia de su sexualidad y se les educa a cultivar su cuerpo para los otros. Son complemento y no plenitud. Esto también tuvo un costo para las mujeres que corre hasta la actualidad con avances..

 

 



[1] Psicóloga por la Universidad de San Carlos de Guatemala, profesora universitaria de la misma en psicología social, coordinadora del Diplomado en Salud Mental Comunitaria para el ECAP y estudianta del postgrado en género Fundación Guatemala y la UNAM 2007.

 

[2] Tomado de Brito, Sonia . Mujeres indígenas protagonistas de la historia página 69

[3] http://agendadelasmujeres.com.ar/notadesplegada.php?id=1431. Agenda de las Mujeres. El portal de las mujeres argentinas, iberoamericanas y del Mercosur. La Cuerda Año 8, No. 82 Guatemala, septiembre/2005

[4] Diario de campo No.3 p.40 2003..



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